Aunque no se conoce a ciencia cierta el origen de la técnica de asar los alimentos, es muy probable que fuera la primera forma de cocción del hombre primitivo. Aunque muy probablemente el hombre descubriera esta técnica por casualidad, no tardó mucho en aprender a dominar el fuego, a fabricar vasijas de cocción y a construir hornos de barro para mejorar aún más el proceso.
Y esta costumbre, lejos de perderse, se ha reflotado en los últimos años en los que la gente conoce los peligros de la grasa corporal y el aumento de peso indiscriminado. Así, el horneado nos aleja de las peligrosas frituras y cumple un papel importante en la preparación de alimentos de quienes desean perder kilos y en las dietas vegetarianas.
